Efectivamente, a comienzos de 2003, después de 13 años
sin un espacio de propio en televisión, Sueiro regresó con
Misterios
y Milagros (Canal 13), que mantuvo a más de un millón
y medio de argentinos -a razón de una vez por semana- prendidos
a la tele. Famoso por su condición de ‘hombre que volvió
de la muerte’, algunos lo bautizaron como ‘el detective de Dios’. El periodista
Jorge Férnandez Díaz, en tono
amistoso, una vez dijo de él que era el ‘gerente de marketing
de Dios', el propio Sueiro contó el chiste en público
y éste comenzó a circular, al punto de aparecer como gran
titular en una revista de actualidad. Lo cierto es que Sueiro nunca se
pretendió ‘gurú’ y más bien enfatizó lo contrario:
suele declararse tan enemigo de los escépticos como de sectas
y falsos profetas. Pese a lo cual, amigos cercanos, como la hija de
Lolita Torres, llegaron a atribuirle dones sobrenaturales. "Cuando
le apoyaba las manos sobre las piernas a mi mamá a ella se le aceleraba
el corazón", dijo en el programa Secretos Verdaderos
(1). Pero Sueiro es un líbero: así como siempre
se indignó ante quien osara criticarlo, nunca cedió a tentaciones
que desnaturalizaran su oficio, el mismo que le permitió producir
más de una decena de títulos que, sumados, vendieron casi
un millón de ejemplares.
SUEIRO, EL PROTEGIDO
Víctor Sueiro nació en Buenos Aires el 9 de febrero de 1943
y se inició en el periodismo gráfico a los 17 años.
Desde entonces, trabajó en los medios más conocidos, incursionando
en diarios, revistas y televisión. Era muy chico cuando enfrentó
situaciones que lo pusieron al borde de la muerte. Enfermó
de difteria (salvándose gracias a que sus padres pudieron importar
penicilina de Europa); cayó en un pozo de tres metros de profundidad
y lo sacaron vivo (apenas recibió siete puntos de sutura en la
cabeza...) y, ya adulto, salió ileso de un accidente donde su auto
dio cuatro vueltas en el aire sobre el asfalto. Esos fueron -interpretó
después- algunos de sus varios ‘renacimientos milagrosos’. Anticipándose
a El protegido -el personaje creado por el director M.
Night Shyamalan- en La Gran Esperanza (1991), Sueiro
cuenta que siempre salió indemne de percances que a otros le hubieran
costado la vida. A los 19 años, cuando colaboraba con la sección
policiales del diario El mundo y cursaba 2° año de abogacía,
presenció un incidente en la Facultad de Derecho, ocasión
en la que recibió dos disparos de bala. No sólo fueron otros
quienes le hicieron notar la sangre e incluso los orificios de entrada
y salida sino que -alardea- ‘en todos estos años jamás sentí
dolor alguno". ¿Por qué se me permitieron tantas salvadas?".
Y se responde: "Ocho veces no es una cifra exagerada para un fulano
común y silvestre". Finalmente, concluye interpretando que
la experiencia le sirvió para cumplir con una misión:
"Tal vez me fue permitido sentir todo aquello para volver a contarlo
de esta manera, en el idioma de todos los días" (2).
Fue en Gente, revista cuya redacción compartió con
Samuel
"Chiche" Gelblung, donde empezó a codearse
con el mundo de los ‘ricos y famosos’. Sus entrevistas con celebridades,
a las que tuteaba y con quienes establecía un diálogo franco,
eran redactadas en primera persona. Eso lo hacía diferente, incursionando
en un estilo de comunicación cercano al gusto popular. Debutó
en televisión en el programa El juicio del gato, conducido
por Lucho Avilés. Y su cara, que había
comenzado a colarse en algunos noticieros, se empezó a hacer conocida.
Tanto su simpatía como sus anteojos ‘culo de botella’ fueron su
signo de identidad. Por entonces ya era un hombre de fe. Pero sus creencias
eran parte de su vida privada. Su religión, Católica
Apostólico Romana, poco tenía que ver con su imagen pública.
El tema de sus notas eran los personajes del mundo del espectáculo,
cultivando un periodismo entretenido, ligero y familiar. En 1974, por
ejemplo, hizo Siesta, un programa ómnibus; luego participó
en Teleshow y, más tarde, acompañó a la actriz
Tita Merello en Siempre Tita. En 1980, guionó películas
de Palito Ortega y otras cómicas, con Alberto Olmedo y Jorge
Porcel.
En medio de la dictadura militar (1976-1983), un gerente de ATC lo convocó
para hacer un programa que iba a formar parte de una campaña que
pretendía instalar políticamente al almirante Emilio Eduardo
Massera. Rechazó la oferta y así comenzó a tener
dificultades para conseguir trabajo. Tras la asunción del gobierno
de Raúl Alfonsín no le fue mejor, aunque desde 1985 hasta
1987 condujo por Canal 13 Juguemos en familia, un ciclo de preguntas
y respuestas. De ideas conservadoras, pero sin militancia, Sueiro adjudicó
a su falta de lealtades partidarias sus baches laborales, que eventualmente
lo llevaron a abominar de la política. Esas mismas rachas luego
iban a repercutir en su salud (3).
CRUZANDO LA LÍNEA MORTAL
El 20 de junio de 1990, se produjo el accidente cardiovascular que -desde
entonces- Sueiro llama "mi muerte clínica". Hacía
dos años que sufría dolores cardíacos. Y durante
el apagón del que emergió evocando su ‘Gran Experiencia’
describió el túnel oscuro, una luz al fondo cuya intensidad
va en aumento, y la sensación de ‘una paz total’. Esta experiencia
fue para Sueiro tan conmovedora como real: se sintió ‘flotar’ y
oyó a una voz muy dulce que le decía: ‘Hola Tito’. Sólo
una persona, dice, lo llamaba de este modo: "No sé por qué
extraña razón sentí que era mi abuelita". (4).
Sus dos primeros libros -Más allá de la vida (Ed.
Planeta, 1990) y La Gran Esperanza-, donde se ocupó de las
llamadas Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM), fueron un batacazo.
Ambos títulos son una suerte de recopilación comentada (desde
el punto de vista de un católico creyente que vivió la experiencia)
de los primeros casos del género informados en la Argentina. Aunque
el tema ya había sido tratado por los doctores Raymond
Moody y Elizabeth Kübbler Ross,
entre otros autores dedicados a la divulgación popular de temas
tanatológicos, Sueiro fue quien instaló el tema en la Argentina:
según el programa Secretos Verdaderos, sólo en
las primeras ediciones de ambos libros agotó 150.000 ejemplares.
Para algunos, aquel éxito descansó tanto en su popularidad
previa como conductor televisivo como por su condición de ‘protagonista’,
exponiendo su propia experiencia de ‘vuelta de la muerte’ como un acontecimiento
que transformó positivamente su visión del mundo. Tal experiencia
lo llevó recorrer un camino espiritual donde su forma de
entender el catolicismo pudiera coexistir con el menor
conflicto posible con experiencias a veces más relacionadas con
lo sobrenatural que con la religión. También hubo quienes
atribuyeron el boom a la idiosincracia argentina, generalmente
ávida de obras testimoniales ofrecidas por referentes mediáticos.
También, hay que tener en cuenta que el lanzamiento de sus títulos
coincidió con dos taquilleros estrenos cinematográficos
emblemáticos que abordaron la cuestión: Ghost,
la sombra del amor (1990) y Línea Mortal (1991), cuyas tramas
remiten sin metáforas al estereotipo de ‘viaje al más allá’
expuesto por Sueiro.
En cualquier caso, Sueiro interpretó y volcó sus vivencias
en un lenguaje simple y coloquial, siguiendo un patrón conforme
a las expectativas del argentino medio, fuertemente enraizadas en el
catolicismo dominante y, a la vez, con la pátina de innovación
provista por la cultura New Age. Si bien algunos le reprocharon la
intesidad con que toma posición (en su obra evoca las
hipótesis científicas sobre las ECM sólo
para desacreditarlas), el mismo Sueiro, en diferentes entrevistas, como
la
que dio a la La Maga en 1993, le restó a sus obras
pretensiones científicas (5). Ya en su primer libro, al comentar
su impresión sobre el relato de una informante, escribió:
"(...) yo viví la Gran Experiencia, lo cual me pone mucho
más allá (y Más Allá) de ser un simple escriba
que hace esfuerzos por ser objetivo, como hice siempre" (6).
Tal vez deban buscarse las raíces de su éxito en el carácter
más vivencial que descriptivo de sus obras, donde el acento
está puesto en conmover, y en lo posible, convertir, a sus lectores.
En La Gran Experiencia fue explícito: "Pretendo apuntalar
lo mío, defenderlo con mis armas, señalar todo lo bello
que encierra y que a veces no recordamos. Los misterios de la religión
que hacen a la Fe aún más profunda al aceptarlos. La vida
eterna es un dogma de Fe inquebrantable para un cristiano. Todo lo que
fortalezca este dogma es maravilloso" (Pp. 200-201).
TIEMPO DE REVANCHA
Desde 1990, Sueiro escribió a razón de un libro por año.
Todos fueron best-sellers. Curas sanadores y otros asombros,
Poderes, Año 2000, las profecías, Predicciones
del fin del mundo, El ángel, un amigo del alma, La
Virgen, milagros y secretos, la novela Líbranos del mal
y su reciente Milagros, más que nunca. Según la revista
Veintitrés, sólo con los títulos publicados
por Editorial Planeta (ya que en 1999 Sueiro se mudó a Atlántida),
llegó a vender un total de 720.300 ejemplares que le reportaron
ingresos por más de un millón y medio de dólares
(7).
Autor de la columna "Crónicas locas" en la revista Conocer
y Saber (luego Conozca Más, 1989-1997), la revista Gente
(que publicó una difundida serie de suplementos sobre su especialidad
celestial) incluyó a Sueiro entre los ‘personajes del año’
en sus tapas de 1993 y 1996. En 2003 -después de mantenerse alejado
de la televisión por 13 años- se tomó una dulce revancha:
lanzó un nuevo programa que se convirtió en un formidable
éxito de audiencia. Misterios y Milagros, la homilía
laica con más ráting que conoció la televisión
argentina de los últimos años, espera repetir el éxito
a fines de 2003, temporada en la que Canal 13 piensa retomar el ciclo.
"Siempre fui un cabrón", se definió hace poco.
(Después de la experiencia) "perdí el sentido de las
relaciones públicas". Así pretendía justificar
sus ataques a críticos y escépticos, actitud que mantuvo
a lo largo de la nueva etapa de su carrera (8). Desde su programa, insistió
con el concepto según el cual "las cosas más importantes
(el amor, la esperanza, el coraje...) son las que no se ven". Convencido
de que "un tipo que no le tiene miedo a la muerte es un tipo peligroso",
confió que le teme más a la vejez. "El enemigo es el
tiempo, no la muerte, que puede ser hasta piadosa. Quiero morir joven",
comentó. "Este es el valle de lágrimas. Estoy seguro
de eso". |